Wakefield

Nota de lector sobre Wakefield de Nathaniel Hawthorne.

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Un sinfín de imposiciones

 Nota de lector sobre la novela Tú y Yo”, de Niccoló Ammaniti

  La novela comienza de manera confusa pero, a medida que transcurre, en mi opinión, va poniendo de manifiesto una de las cuestiones que aunque pasen los años, sigue sin pasar de moda: la falta de atención en la crianza de nuestros hijos.

  La vorágine del mundo moderno hizo posible muchas cosas positivas pero trajo consigo extender las jornadas laborales y que las madres ya no sean las encargadas del hogar. Esto es de público conocimiento y no quiero recaer en una visión machista, por el contrario, mi intención es poner el énfasis en que padres y madres tienen que salir a trabajar durante largas jornadas para sostener un hogar y esto da como resultado, una falta de contención en el niño.

  Tampoco es mi intención identificar culpables ya que deberíamos hacer un análisis más profundo. Solo pretendo evidenciar ciertos aspectos que, según el relato de la novela “Tú y Yo”, de Niccoló Ammaniti, veo que se repiten generación tras generación.  La imposición de tareas y actividades hace que, por un lado, el niño deje de confiar en nosotros en muchas situaciones y, por otro, pierda el entusiasmo por las cosas que realmente quiere hacer, dando lugar al tan <mal>utilizado diagnostico, “falta de atención”. No solo no escuchamos a los niños, ni dedicamos el tiempo necesario para saber cuales son sus intereses, sino que, además, hemos adoptado la clásica y errónea ideología que lleva adelante la fábrica de alumnos serviles para reproducir el orden establecido, en donde el niño no puede -ni sabe- elegir, por lo tanto, es el adulto el que decide e impone, el que divide y califica.

  Para finalizar, quiero que nos remontemos a nuestra época escolar y pensemos lo hermoso y productivo que hubiera sido si nos hubiesen preguntado qué cosas queríamos  hacer, sobre qué temas investigar, en fin, que nos hubiesen preguntado.

Reseña del libro “Una historia sencilla” de Leila Guerriero

    Esta historia sencilla es, en realidad, una historia complicadísima pese a su brevedad. Pero, ¿Es “Una historia sencilla” un reportaje sobre un baile tradicional Argentino?, sí y no. Guerriero, que tiene claro esto de la realidad novelada, no nos cuenta el derrumbe psicológico de dos condenados a muerte ni la guerra de dos países envuelta en un partido de fútbol. Le basta con la historia de superación de un hombre tras un sueño, capaz de hipotecar años de vida y ahorros para perseguirlo. Un ser simple, “sumamente común”, con poca cultura, un amor infinito a Dios, a su mujer y al ideal que moviliza su existencia: ser campeón de malambo.
La danza consiste en un zapateo de unos cinco minutos que requiere “la preparación física y psicológica” de un atleta de 100 metros lisos. Sí, cinco minutos. “Una historia sencilla” es a primera vista (desde la mismísima tapa del libro) el retrato de Rodolfo González Alcántara, bailarín de malambo y competidor en el Festival de Laborde durante los años 2010 y 2011. Sin embargo, Guerriero se toma casi un tercio del libro para formar el perfil del personaje, haciendo que el festival también sea el participante, porque el lugar donde pasan las cosas no es menor sino que tiene una correlación directa con todos los acontecimientos. Así es como dialoga entre el perfil del protagonista y el entorno. Su magia y su día a día.
La autora se apoya en la manera de contar que caracteriza a la literatura de ficción para “humanizar” el relato de una historia. Busca transmitir al lector una fuerza emotiva muchas veces ausente en la crónica noticiosa tradicional. Conviven de forma dramática, narrativa y descripción de imágenes pero regidas por la economía que impone la palabra. En ese sentido, las palabras de Guerriero son justas. Esta brillante autora es la reina con una prosa electrizante en el género de la crónica narrativa, que nos traslada al escenario de Laborde con cada golpe, sudor y lágrima. Que nos hace parte desde la primera línea del libro: “esta es la historia de un hombre que participó de un concurso de baile” (L. Guerriero, “Una Historia Sencilla” Pág. 9). Así es como atraviesa todo el libro, preguntándose por qué los hombres que compiten en el festival de Laborde, una vez que se consagran como campeones, no pueden volver a competir jamás convirtiéndose en una especie de semidios. Sus vidas cambian drásticamente.
Es curioso, pero a pesar de que el festival mantiene su tradición de no ser comercial, de no hacer publicidad, en fin, de pasar desapercibido (como si eso le diera cierta autoridad) los campeones de cada año se convierten en estrellas: firman autógrafos, dan charlas, viajan y cobran sus clases en dólares. Sí, en dólares. Como si la tradición en sus raíces más íntimas no estuviera atravesada por la “puta universal”1. Quizás lo que atrae es justamente eso: lo secreto y lo mítico. La dicotomía entre nativo y extranjero, lo propio y lo ajeno.
El trabajo del periodismo narrativo que realiza la cronista es saber qué mirar. Así, ella hace su propia selección –y exclusión al mismo tiempo- sobre lo que vendrá en el relato, pero siguiendo una cadencia que no meramente anticipa, sino que introduce cada vez más en lo profundo de su narración. Ella misma se autodefine como “(…) una periodista que hace el equivalente a un documental de cine, pero con palabras. Las crónicas y perfiles son una tarea minuciosa de montaje2”.

1-Manera de denominar a la moneda estadounidense. Extraído de “El Dinero” por Karl Marx (Del III Manuscrito económico-filosófico, 1844).
2-Declaración extraída del Seminario de Periodismo Cultural (México, D.F., 16 al 20 de abril de 2012). Versión completa en: http://nuevasrutas.fnpi.org/docs/taller01/taller01-relatoria.pdf

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