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Imaginación

Habíamos tenido un sexo
de esos fuertes.
De conexión con todos los sentidos.
De esos encuentros de traspirar
en pleno invierno y
gemir hasta la planta baja.
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Gemido al compás

Terminó su copa mirando por la ventana.
Mientras se acomodaba en el sillón,
se ató el pelo y me sorprendió con un beso.
Sus labios estaban húmedos
y mordían con fuerza.
Me agarró por el cuello,
y me miró buscando mi expresión
entre las sombras.
Se abalanzó sobre mí,
se acomodó sobre mis piernas
y sus labios arremetían
contra los míos una y otra vez.

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Un sinfín de imposiciones

 Nota de lector sobre la novela Tú y Yo”, de Niccoló Ammaniti

  La novela comienza de manera confusa pero, a medida que transcurre, en mi opinión, va poniendo de manifiesto una de las cuestiones que aunque pasen los años, sigue sin pasar de moda: la falta de atención en la crianza de nuestros hijos.

  La vorágine del mundo moderno hizo posible muchas cosas positivas pero trajo consigo extender las jornadas laborales y que las madres ya no sean las encargadas del hogar. Esto es de público conocimiento y no quiero recaer en una visión machista, por el contrario, mi intención es poner el énfasis en que padres y madres tienen que salir a trabajar durante largas jornadas para sostener un hogar y esto da como resultado, una falta de contención en el niño.

  Tampoco es mi intención identificar culpables ya que deberíamos hacer un análisis más profundo. Solo pretendo evidenciar ciertos aspectos que, según el relato de la novela “Tú y Yo”, de Niccoló Ammaniti, veo que se repiten generación tras generación.  La imposición de tareas y actividades hace que, por un lado, el niño deje de confiar en nosotros en muchas situaciones y, por otro, pierda el entusiasmo por las cosas que realmente quiere hacer, dando lugar al tan <mal>utilizado diagnostico, “falta de atención”. No solo no escuchamos a los niños, ni dedicamos el tiempo necesario para saber cuales son sus intereses, sino que, además, hemos adoptado la clásica y errónea ideología que lleva adelante la fábrica de alumnos serviles para reproducir el orden establecido, en donde el niño no puede -ni sabe- elegir, por lo tanto, es el adulto el que decide e impone, el que divide y califica.

  Para finalizar, quiero que nos remontemos a nuestra época escolar y pensemos lo hermoso y productivo que hubiera sido si nos hubiesen preguntado qué cosas queríamos  hacer, sobre qué temas investigar, en fin, que nos hubiesen preguntado.