Carta de despedida

Hacer una carta de despedida es una de las tareas más difíciles. Primero, porque conlleva no olvidarse de nada. Es un único disparo.

Segundo, porque en general no tiene réplica. Esto la hace más difícil, porque uno escribe para preguntar -se- y en este caso deberá escribir para despedirse. 

Despedirse no es malo, es un gran acto de valentía que suele incluir un fuerte abrazo y un último beso. Meter las manos en los bolsillos, mirar por última vez a los ojos y darse vuelta para caminar en sentido contrario. Algunos, muy valientes, suelen mirar atrás, otros, no nos animamos y mantenemos la mirada hacia abajo.


Si uno lo piensa fríamente, constantemente se está despidiendo: en la calle, en un beso, en las redes, en la sobremesa o en el pasaje del invierno al otoño.
Algunos usan estilos dramáticos, otros románicos, y algún piantao manda una carta sin la certeza de que llegue a su destinatario. ¿Riesgo o acierto?


La carta tendrá sin dudas un posdata, ese renglón que nos salva del olvido o refuerza alguna idea. Esas pocas palabras que envuelven toda la gramática anterior y, como suelo pensar, el posdata es el último abrazo después del abrazo.

Es el que volvió sobre sus pasos para buscar otro último beso.

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