Estímulos

Se sentó en el sillón con las piernas cruzadas
Luego de un rato de observar todo el ambiente,
descruzó las piernas y se soltó el pelo.
Puso su mano en el cuello y llevo todo su pelo hacia delante
Sus movimientos eran suaves pero firmes.
Se empezaba a relajar como si yo no estuviera ahí.

Hasta ese momento no me había mirado a los ojos.
Estaba invadido por un estado de alerta.
El aire se había detenido.
Mordiéndose el labio y girando la cabeza
balbuceó algo que no logre escuchar.
Me hizo un gesto de que me calle
y que me siente frente a ella

Sostuve la mirada.
Era difícil mirar fijo a esos ojos
delineados que no parpadeaban.
Que brillaban.
Que contaban más de lo que se veía.
Ella empezó a desprenderse el vestido,
creí entender lo que iba a suceder
hasta que se paró junto a mi silla,
me vendó los ojos y me susurró al oído.

Mi pulso y mi respiración se agitaron.
El taco de sus zapatos en el parquet
hacían eco en todo el living.
Podía percibir como me rodeaba,
dejando que su perfume me inunde la piel
en cada respiración profunda
y entre cortada.

Su dedo índice recorría mis hombros,
hasta que el ruido de su ropa interior cayendo al suelo,
invadió la sala y el silencio se hizo eterno.
Mis fantasías aumentaban en cada segundo sin contacto.

Estaba completamente a ciegas.
Los sentidos alertas
y ansiosos.
Las palmas de las manos algo transpiradas
Y las piernas inquietas.
Cada vez que ella daba un giro completo
Alrededor de mi cuerpo sentado
podía sentir los roces de su piel desnuda
Como si fuera su presa ya vencida.
Como el ritual del león ante su próxima cena
Servida en un plato de cristal
Entregada
Los tacos dieron su último golpe
y su boca recorrió mi cuello de manera intermitente
pensé en levantarme
y ella leyó esa señal de supervivencia
esa última energía de la presa que intenta escapar.
me agarro fuerte los hombros,
casi arañándome,
y me volvió a susurrar al oído pasando su lengua.
Repiré profundo y volví a conectarme con el ritual
No era suyo
No era mío.
Era algo diferente.
Del momento mismo.

Me levantó la remera con suavidad
y pude sentir sus pechos rozando mi piel.
Me tocaban amenazando toda la escena
-¿Por qué no darle fin en ese momento?
Porque no fundirse entre los dos
y terminar con el sufrimiento placentero.

Pude sentir que estaba delante de mí.
Me observaba mientras respiraba algo agitada.
Me agarró la mano y la llevo a su boca
Bajamos,
hasta sus pechos excitados.
Redondos.
Firmes.
Mis manos temblaban.
Se dio vuelta.
Hizo que mi lengua recorra su espalda
sus manos, su cintura.
Toda su sensualidad vestida de piel
su piel infinita.
Esbelta y libre.
Sedosa y mojada.

Sus caderas se apoyaron
sobre mi cuerpo sentado
y desnudo.
La columna arqueada acompañaba
el movimiento delicado y circular.
Mis manos extendidas recorrían su boca y sus pechos.
Me agarraba fuerte de las manos
me hacía sentir que le gustaba.

Se sentó sobre mis piernas,
de frente.
Mis manos no se contuvieron.
La tome por la espalda buscando su boca
Liberamos un gemido fuerte y seco.

Se levantó bruscamente
y soltó una carcajada.
Volvió a susurrarme al oído,
ésta vez poniendo mis manos
en sus caderas.
Llevándome la cara a sus pechos.
Apretándome los hombros,
y ajustando la venda.
Me hizo reconocerla a ciegas.
Tocarla. Besarle la piel erotizada.
Recorrerla con mis cinco sentidos,
sin mirarla.

Cuando todo había terminado
Ella volvió a comenzar.

 

Gracias @Namirita por la edición

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