Un cubo y tres enseñanzas

Hace unas semanas me levanté pensando en un juego de ingenio. No en cualquier juego, sino en el famoso “Cubo de Rubik” o “cubo mágico”. Nunca antes había jugado con uno de estos cubos y mucho menos había logrado armarlo por completo. Ese mismo día compré uno para distraerme.

Con el correr de los días, no disfrutaba del proceso, sino que empecé a tratar de descifrar la lógica del rompecabezas tridimensional. Típico de aquel que intenta descubrir la magia en vez de disfrutarla.

Recuerdo que, entre algunos amigos que intentaban “spoilear” la solución del cubo enviándome links de youtube, uno de ellos me dijo -sin posibilidad de que lo esquivara- que la clave estaba en el color blanco. Que si empezaba por ahí, iba a poder armarlo con mayor facilidad.

Cuando pude lograr la hazaña de juntar casi todo el lado blanco me di cuenta de algo: todos los demás lados estaban completamente desiguales, mezclados y aún me faltaba para completar el lado blanco. Eso fue el disparador para algo mucho mejor: ¿Cuánto estamos dispuestos a desarmar lo que tenemos hecho para volver a empezar?

Aferrarse a lo hecho no nos permite completarnos (ni tampoco al cubo). No nos deja avanzar sobre lo que aún no tenemos ordenado por miedo a perder lo que ya conseguimos.

Decidí que el cubo quede en mi oficina, para poder distenderme en momentos de tensión e invitando a todos los que estén ahí a que colaboren con el armado final del rompecabezas. Esto despertó un segundo disparador: ¿somos capaces de aceptar la colaboración de los demás sin imponer nuestras propias reglas y viendo cómo desarman lo construido por nosotros para lograr el objetivo?

Por fin, llegaba otra enseñanza: la fuerza de las palabras que me dijeron que me concentre en el color blanco, tuvieron un poder en mí, ante el caos del cubo desarmado, que hicieron que pierda de vista todo lo demás y solamente me concentre en lo que me habían dicho. Tenemos que concentrarnos en nosotros, no en el afuera. Amar la trama más que el desenlace dijo Drexler.

El cubo me deja algunas enseñanzas y disparadores que jamás pensé encontrar en el: jugar es el motor del aprendizaje y des-aprender es el proceso en donde tenemos que sumergirnos para volver, una y otra vez, a intentarlo.

Tenemos que ser capaces de soltar lo construido hasta el momento para retomar con más fuerzas la nueva construcción y una vez en ella, volver a comenzar.

El cubo sigue estando desarmado, pero lo intento un poco todos los días y todo el que pasa le da unas vueltas más.

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2 comentarios en “Un cubo y tres enseñanzas”

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