Lucas & yo

-No entiendo lo que dice Lucas.
-Se fue a la mierda.

Veo como los textos circulan, se comparten y se exhiben sin piedad en las pantallas de unos y otros. Se agregan y se sacan palabras, se abrevian, se dedican y vuelven a nacer. La cultura se protege compartiéndola. Dicen.


Suena moneda corriente de estelares y preparé un café con algunos chocolates que me regaló la negra. Una nueva copa de agua y otra vez persigo el sueño a través de algunas pocas letras que salen, porque las noches se hicieron para escribir y para hacer el amor.

-¿No tenemos noticias de Lucas?
-Todavía no.

Hay palabras simples que, con oraciones complejas, pueden formar un textito lindo. De esos que te gustan a medida que los vas leyendo. Que son amigables decía Matías. Que te atrapan desde la trama pero también desde la prosa. Que te tiran alguna soga para que puedas usar mañana en el laburo y hasta quizás lo compartís con tu vecino.

-Nadie comparte un texto con el vecino
-¿Y vos qué sabes?
-Decime cómo se llama el tuyo
Pedro, respondo rápido
-Esas cosas no pasan boludo.

Bueno, estábamos en un textito. Que se deja leer y que es el equivalente a dejarse querer. Ahí está la posta. Que es manso hasta con el lector más básico. Que te lleva a donde vos queres ir en ese momento y que no te pide nada a cambio. Y ojo que no siempre se logra. Es muy difícil crear el ambiente y sostenerlo por algunos versos. Viste que la atención que uno emplea es cada vez menor. ¿Será que estamos cerca de que nos dominen las máquinas?

-No seas boludo. Lucas está en línea pero no contesta.
-Llamalo y no fumes adentro.

Pensá. Si cada vez prestamos menos atención, es porque lo quieren así. Nada es casualidad. Inteligencia Artificial, aparatos, lecturas y amores virtuales, tomates que son remolachas, lechugas que parecen sandías, melones con gusto a banana, detergentes con jugo de limón y jugo de limón con esencia. Pieles de animales vistiendo hombres o quesos que cada vez tienen menos agujeros.

-¿Quesos?
-Si, boludo. Quesos.
-Lucas no me contesta. La vieja me dijo que salió al medio día para el laburo.

Imaginate si se lo llevaron de una red de trabajo esclavo. Lo meten frente a una computadora nueve horas al día, le pagan lo mínimo y le dan 15 días de vacaciones en un año entero. No, imposible. Eso si sería una tortura.

-Esa es la vida misma amigo
-Ni en pedo.

No sé en donde dejé las cosas para mañana y ya me comí todos los chocolates que me había traído la negra. Ella si que no tiene problemas para sonreír. Se vive cagando de risa y es muy contagioso. Yo pensé que la vida del escritor era así, totalmente desordenada, con horarios cambiados, inspirándose de cualquier cosa. Analizando revistas viejas en busca de historias. Visitando bares que nadie visita en busca de esa situación -o personaje- que te de material para llevar a casa. Que tu vieja no tenga idea si escribís porque sos un freak o porque mañana pegas dos o tres de esos textitos lindos y te vas para arriba como pedo de buzo.

-No podes escribir eso.
-¿Pedo o buzo?
-Ah, sos un boludo importante.

Le agregas eso al final de la cita y quedas bien, ¿viste? Ya tengo sueño y llego hasta acá. Aunque me estuve despertando sobresaltado, soñando muchas historias cortas y no pudiendo recordar con exactitud lo que pasaba. Eran muchas. Uno sueña los últimos segundos y le pone el color al sueño una vez que se despierta. Eso si es algo raro.

-¿Quién te dijo eso?
-Lo leí en una revista de consultorio médico. Esas sí que tienen la posta.
-No, lo que pasa es que uno está aburrido.
-¿Alguna novedad de Lucas?
-No, pero sigue en línea

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