Amar en blanco y negro

Personal by Vincent Peters es la segunda edición de uno de los mejores fotógrafos del mundo. Sus retratos han inmortalizado a modelos y artistas como Cindy Crawford, U2 y Emma Watson.

Durante más de 20 años Vincent Peters ha sido uno de los mejores fotógrafos internacionales. El artista, natural de Bremen, Alemania, se reparte su tiempo entre París e Ibiza en donde descansa y toma distancia de sus trabajos. Vincent ve al mundo como su patio de recreo en donde despliega un estilo inconfundible, que combina lo sensible con lo clásico, las celebridades, la moda y la fotografía publicitaria.

Sus retratos suscitan ese momento de éxtasis entre la sugestión y la imaginación, entre los bordes tiesos del cuerpo expuesto y la contemplación atónita

Con un mínimo de recursos, es capaz de crear imágenes sensuales y dramáticas que parecen fotogramas de una película imaginaria. Cada disparo de su cámara hace que te preguntes qué podría suceder después. Es la obra en la que uno quisiera ver un poco más. Pararse detrás del cuadro y cambiar por un instante la perspectiva, entrando a un mundo desconocido e inigualable de pasión y seducción infinita.

 Su primer libro de fotos, “La luz entre nosotros“, fue publicado en 2014 y en esta segunda edición se dedicó a su tema favorito: las mujeres. En “personal”, nos encontramos con estrellas como nunca se han visto antes; Penélope Cruz, Linda Evangelista o Irina Shayk, son sólo algunas de las mujeres puestas frente al lente de Vincent que, con un estilo particular, realiza una puesta en escena que es un mundo de delicadezas y ojos expectantes e inquietos que quieren ver un poco más.

Su obra es atravesada por el blanco y negro, olvidándose de las distracciones y reforzando la iluminación y la composición

 Fiel a su estilo, el fotógrafo alemán monta cuidadosamente desnudos que ponen de relieve su magistral uso de la luz para crear fotografías sensuales y misteriosas que celebran la belleza femenina y nos guían inexorablemente bajo su hechizo.

 Su obra es atravesada por el blanco y negro, olvidándose de las distracciones y reforzando la iluminación y la composición para enfocarse en el motivo principal: enfatizar la atmósfera que genera la mirada y la piel semi desnuda, cuidar los fondos y potenciar la geometría de los cuerpos. La falta de color opera como una guía en los caminos que se forman en el cuadro seduciendo e inquietando la mente de quienes observan. Lo mismo ocurre con las texturas que produce en cada retrato.

 Sus retratos suscitan ese momento de éxtasis entre la sugestión y la imaginación, entre los bordes tiesos del cuerpo expuesto y la contemplación atónita que hace sudar las manos y secar la boca. Entre el fin y el corte de una escena que hace recorrer la fotografía mientras se es alcanzado por el instinto más rudimentario: el sexual.

 

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