Talismán humano: a la caza del albino africano

Son personas negras con piel blanca y, debido a este trastorno genético, son discriminadas, perseguidas y asesinadas para utilizar partes de su cuerpo en rituales y pociones que se cree tienen poderes mágicos. Un brazo o una pierna pueden costar 4000 euros. A los chicos los cazan con machetes y el  mercado ilegal de traficantes ya se mueve en varios países.

Su historia es inquietante. Los albinos africanos enfrentan una dura realidad en ciertos países de ese país desde que nacen: vivos son excluidos y considerados malditos, muertos en cambio valen su peso en oro. De esta manera, son segregados y discriminados por la propia comunidad africana debido a que son recluidos lejos de los centros urbanos y se los utiliza para trabajar en campos bajo el intenso sol de África. Debido a esto, enfrentan graves problemas de salud como perdida de la visión o cáncer de piel, sin mencionar los escasos recursos para combatir esas enfermedades. Pero lo peor de su día a día es el miedo a ser cazados por  brujos y curanderos que sostienen -y extienden- la creencia de que la piel, la carne, el cabello y los huesos de los albinos poseen poderes mágicos para atraer, entre otras cosas, la buena fortuna.

A pesar de que los asesinatos de albinos se presentan en una docena de países africanos, desde Sudáfrica a Kenia, son mucho más frecuentes y violentos en Tanzania ya que allí se concentra el mayor índice de albinismo del mundo. Algunas hipótesis científicas expresan que esa concentración se debe a la misma exclusión social que lleva a  las personas con albinismo a casarse entre sí, aumentando la probabilidad de la transmisión genética hereditaria.

Frente a esta dura realidad, los albinos optan por escapar y se estima que al menos 15.000 albinos de África oriental han tenido que desplazarse. Sin embargo el mercado no deja de crecer, los brujos y sus mafias los persiguen en su huida, para asesinarlos o mutilarlos y comerciar con pociones y otros objetos fabricados con sus huesos, pelo y pieles.

Lo inquietante para las autoridades de Tanzania -que pusieron en marcha campañas de concientización y hasta hacen uso de la pena de muerte para quien practique, ejerza o solicite ese tipo de brujerías- es que el drama se está extendiendo a otras naciones como Malaui, Burundi y Kenia, donde los ataques violentos han aumentado considerablemente durante 2015.

Por una extremidad de un albino se llega a pagar más de 4.000 euros, mientras que por todo el cuerpo la cifra ronda los 80.000 euros, apuntan los últimos datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Lo curioso es que en un país como Tanzania, uno de los más pobres del mundo, son los políticos y los grandes empresarios las únicas personas capaces de pagar estas irrisorias sumas de dinero. Si unimos algunos puntos claves, 2015 fue un año electoral en donde se aumentaron las persecuciones y matanzas de albinos y el mismo parlamento tanzano emitió comunicados en donde hacia expreso el pedido de que no utilicen brujerías para sacar ventaja sobre su adversario político.

Pero el 2015 también fue un año alentador que abrió una luz al final del camino. El periodista e historiador José Manuel Colón llevo a la pantalla grande varios años de investigación sobre la realidad albina en África bajo el título documental “Black man, white skin” (Hombre negro, piel blanca). Un film que profundiza sobre la cruel realidad que viven los albinos en África. Su sitio web oficial es: http://www.blackmanwhiteskin.com/

El hombre, lobo del hombre

Como sociedad estoy seguro que deberíamos ir hacia el cataclismo. Ese momento de replantear el orden social y volver a comenzar en todo sentido. Volver a establecer las reglas del juego habiendo aprendido de lo mal que lo estamos haciendo. El hombre ya no destruye el espacio que habita y agota todos sus recursos, sino que también va tras él mismo. “El hombre es el lobo del hombre” un pensamiento filosófico de Thomas Hobbes que perdura desde el siglo XVIII.

En este sentido, dentro del estado natural en el que vivimos pareciera que no existen distinciones morales objetivas y esto genera una competición que da lugar a un estado permanente de guerra de todos contra todos, en el que cada cual se guía exclusivamente por la obtención de su propio beneficio y, no existiendo moralidad alguna, el límite para la obtención de nuestros deseos es la oposición que se pueda encontrar en los demás.

El concepto de “raza” no tiene un fundamento científico, salvo en el imaginario colectivo, es decir, el creado por la socialización. Los albinos africanos trascienden las fronteras del racismo tal como lo conocemos, pero vale una aclaración importante: ellos no son discriminados; son perseguidos y asesinados por el peso de un creencia vulgar. Hablar solamente de discriminación y racismo  sería no dimensionar la verdadera problemática en la que se ven sumergidos varios países del continente africano y esto trasciende a occidente y oriente, a norte y sur, a las características más rudimentarias de la vida en sociedad. Temo no llegar a expresar el verdadero punto importante del artículo. Me cuesta darle un cierre editorial a una creencia que persigue y asesina hombre, mujeres y niños porque supone que sus cuerpos tienen poderes mágicos. Quisiera establecer una correlación para poder explicarlo mejor pero no encuentro un ejemplo que encuadre en tan aberrante y despreciado acto.

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