Femicidios: Carta de un hombre común

El 3 de junio salimos a la calle porque fracasamos como hombres.  No supimos decodificar el amor que hay en los ojos, en las caricias, en los besos. Venimos de una mujer, como máximo le debemos todo,  porque no hay mínimos posibles para la fuente de la vida.

Tomamos todos los caminos equivocados. Incluso inventamos algunos. Sabíamos que la vida no se resume en cuestiones de género, color o apariencia pero quisimos acentuarlas y volverlas protagonistas de nuestros días. Somos juez y parte de una condena que nos va a marcar por el resto de nuestros días.

Llegamos a la luna como muestra de una conquista exultante de todo aquello que no es nuestro, pero no podemos dejar de escupir barbaridades en la calle. Usamos todos los artilugios baratos que existen para denostar la imagen de lo que nosotros, y sólo nosotros, configuramos como inferior.

Pusimos en nuestras manos el manejo del amor y del odio. De la cordura y de la locura, de la violencia disfrazada de diamante, de la cultura del todo vale y pusimos en nuestras manos la inexperiencia para el amor, porque si de algo sabemos poco, es de amar. Deberíamos poner en nuestras manos un abrazo, una caricia o un te quiero y hacer que se corra el lápiz labial y no el delineador.

No puedo volver el tiempo atrás, pero mañana cuando me levante voy a gritar con más fuerza para que mi mensaje se escuche en todos los rincones. Vos, él y yo somos responsables. Por acción o por omisión. Porque hicimos eco de un grito en silencio que solamente pide respeto. Porque no somos capaces de admirar la belleza, así, bella como es.

No es momento de teorizar sobre valores morales y  éticos. Es momento de pasar de la acción discursiva a la acción concreta: Hacernos cargo de ser hombres y caballeros que respetan y valoran a la mujer. No como símbolo, no como mamá, no como novia. Como mujer.

No me corresponde pedir disculpas en nombre de todos, pero sí, me disculpo por mi condición de hombre. Por no haber sabido transmitirle a los demás, lo que verdaderamente es significativo de una mujer: su misma condición.

Está claro que el hombre no llora, pero mata.

#NiUnaMenos

Ignacio Luongo

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