Ficcionalización de una noticia

Noticia original: Mateo Banks fue un chacarero argentino de origen irlandés, famoso por haber cometido un homicidio múltiple en el partido de Azul, en el año 1922.

El hombre que en sólo quince horas se convirtió en el primer y más grande asesino de la historia Argentina.

  Mateo se levantó esa mañana sabiendo muy bien lo que iba a hacer. El chacarero de 44 años cargaba sobre sus hombros la presión de llevar uno de los apellidos más prestigiosos de la época, pero se encontraba en bancarrota hacía varios meses, según su contador. El padre de Mateo había llegado a la Argentina en el año 1862, huyendo de las pestes, las guerras y la miseria del verde Erín. Se casó con una mujer de apellido Keena y aquí fundó una familia que se estableció primero en Chascomús y luego en el Azul. Pero ahora, en aquel amanecer del año 1922, el apellido Banks habría de hacerse famoso por otra cuestión. La fama iba a estar envuelta en la historia criminal Argentina: el mayor crimen colectivo consumado por un solo hombre en tan solo quince horas, durante las que mató a sangre fría a ocho personas, entre éstas, a tres de sus hermanos y dos de sus sobrinas.

  Armado con su rifle Winchester, Mateo mató primero a Dionisio Banks, su hermano, de un perfecto tiro en el corazón pero no advirtió que éste estaba acompañado por su hija. Siguió a la pequeña de tan solo 10 años hasta encontrarla escondida en el granero y  puso fin a su vida de un tiro en la frente. Mateo parecía poseído, extraño a sus afectos, al dispararles sin piedad y revisando meticulosamente que estuviesen muertos.

  Los disparos llamaron la atención del único peón que trabajaba en la estancia. Cuando llegó y vio los dos cuerpos en el piso, Juan Gaitán se quedó inmóvil. Desde la oscuridad apareció Mateo, quien a punta de rifle, lo obligó a cavar un pozo para esconder los cadáveres. Una vez que los cuerpos yacían en el fondo del agujero y, antes de que el peón empezara a tapar los cuerpos, Banks lo obligó a entrar al pozo, y cuando estaba allí, corrió con la misma suerte de quienes estaba enterrando. Una vez tapados los tres cuerpos, Mateo se sentó a fumar su pipa como una muestra de tranquilidad y cinismo. Preparo el sulky y se dirigió a su propio campo, El Trébol, a cinco kilómetros de La Buena Suerte en donde acababa de enterrar a su hermano, su sobrina y su peón. En el Trébol trabajaba otro peón llamado Claudio Loaiza.

  Una vez en el Trébol, y sin mediar palabra alguna, sorprendió a Claudio trabajando la tierra y le disparó en el cuello. La muerte fue casi instantánea. La arteria que atraviesa el cuello es una de las más grandes del sistema cardiovascular y una herida de bala a quemarropa produce un sangrado tal, que la víctima solo experimenta por unos pocos segundos el sabor a sangre. Una muerte segura. Mateo subió el cuerpo de Loaiza al sulky y lo tapó con frazadas. Decidido, siguió su camino hacia la estancia que compartían sus otros dos hermanos, Ana María Banks y su hermano Miguel Banks quien vivía con su esposa.

  Una vez en la chacra, Mateo se dirigió a la puerta trasera y llamó por la ventana de su hermana para no despertar a los demás. Le dijo que tenía una emergencia en su campo -“La Buena Suerte”- y que necesitaba que lo acompañara. Ana María, que aun dormida no entendía lo que pasaba, se vistió apresurada y se subió al sulky en donde estaba escondido el aun caliente cuerpo del peón. A los pocos kilómetros de iniciar el recorrido, Mateo detuvo a los caballos con la excusa de que se le había caído el rebenque, y le pidió a su hermana que se bajara y lo recogiera. Una vez abajo, Mateo la miró fijamente y le dijo:

– Siempre fuiste la favorita de papá.

Ana María no llegó a levantar la vista cuando el primer disparo impacto sobre el pecho. Una vez en el piso, Mateo realizó tres disparos más sobre el cuerpo de la hermana como quien mata a una liebre. Con total despreocupación, sin sentir ninguna lástima, ni remordimiento, como quien sin medir sus acciones, recorre deliberadamente un camino que no tiene vuelta atrás. Ocultó el cuerpo de su hermana con el de su peón, en el sulky, y volvió para la estancia donde se encontraban su hermano y su cuñada.

  Una vez allí, golpeó desesperadamente la puerta como pidiendo auxilio. El hermano de Mateo salió de la casona algo aturdido y con esa falta de reacción característica de cualquier persona que recién se despierta. Mateo empuñaba una vez más su Winchester dispuesto a todo. Marcelo Banks, al ver esta imagen, le preguntó que estaba ocurriendo pero Mateo volvió a dar una respuesta lapidaria:

– ¡Necesito ser el único heredero! – Exclamó.

Y el sonido de la última vocal se unió al sonido del percutor haciendo que la casa entera retumbara con el estruendo. Julia –esposa de Marcelo Banks- que aun dormía sin sospechar lo que ocurría en su propia casa, no se despertó debido a que hacia varias semanas que estaba enferma y bajo el efecto de fuertes medicaciones. Mateo entró al dormitorio de su cuñada, junto a la que, se encontraba su pequeña sobrina de cinco años. Ambas fueron acribilladas a tiros. Mateo Banks, el chacarero de 44 años, se había cobrado ocho vidas inocentes en tan solo un par de horas.

  Su coartada fue casi perfecta, cuenta Cosme López, el comisario que esa mañana recibió a Banks en la comisaría quinta de la localidad de Azul. Mateo se presentó y expresó que había sido víctima de un feroz robo en su chacra y que al resistirse habían matado a toda su familia. Cosme, un hombre de rígidos bigotes y cigarrillos a medio fumar en el cenicero, notó como a medida que el hombre contaba su versión de los hechos, reflejaba una sensación de alivio, casi como una sonrisa pícara. Lo que Mateo desconocía, era que el comisario había recibido una denuncia anónima por las grandes deudas de juego que Mateo había cosechado durante varios meses. Motivo que -más tarde- se descubriría como el móvil del múltiple asesinato.

  El comisario no tardó en llegar a la finca y, al consultar con algunos vecinos y realizar algunos estudios de campo, pudo observar incoherencias en el relato de Mateo. Todos los cartuchos encontrados pertenecían a una sola escopeta:

– Error de principiante. Exclamó, Cosme.

  Cuando ingresó al granero y vio la tierra removida supo que algo andaba mal. Pidió a sus hombres que excavaran en ese lugar y encontró los cuerpos. En ese momento, se subió a su camioneta y se dirigió a la casa del hermano de Mateo Banks para que fuera testigo de la barbaridad que había cometido su hermano pero cuando llegó a la estancia de Marcelo Banks descubrió el increíble y atemorizante hecho que por primera vez en la historia criminal Argentina había ocurrido: Mateo Banks era el primer asesino múltiple. Había matado a toda su familia y lo había hecho para cobrar la herencia de su padre y pagar sus deudas de juego.

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