Rodolfo Rodolfo

Diario de lector sobre el libro “Los Oficios terrestres” de Rodolfo Walsh

Buenos Aires, viernes 25 de julio de 2014: “Esa Mujer”

  Otra mañana fría de Buenos Aires característica del mes de julio. Walsh logra conjugar en este cuento la paradoja moralista y los sentimientos dicotómicos de amor y odio, de buenas y malas acciones, de valor y arrepentimiento. Walsh narra esta “entrevista” quizás reivindicando su propio pasado de periodista. Por un lado, el militar durante el gobierno de facto, sus torturas, la injusticia diaria, el orden restrictivo, los abusos, los desaparecidos. Por otro lado, el militar que juega a ser un hombre de bien, de moral y principios éticos. A su vez, se presenta como un militar que ha estudiado Filosofía y Letras, un curioso del arte. Otra relación antagónica en la que nos sumerge Walsh: un militar –famoso porque tiene un pensamiento cerrado, cuadrado y ortodoxo- que estudia la crítica y la reflexión. Un uniformado, que pertenece a la institución que hizo desaparecer y mató a estudiantes de la misma facultad donde estudió.

  Un coronel que quiso “salvar” la vida de aquella mujer incluso poniendo en riesgo su propia vida, pero que en realidad, quiso salvarse el mismo. Salvar su alma como un arrepentido ante el inminente fin. Salvar su historia, como si un acto aislado de bondad pudiera perdonar 20 años de servicio.

Buenos Aires, viernes 25 de julio de 2014: “Fotos”

  Mauricio. Un personaje rebelde e incomprendido que quiso adentrarse en el arte y la fotografía como modo de expresión, o, más bien, como modo de ver el mundo. Esta situación pone de relieve que desde hace muchos años –y épocas- que se mira con desprecio el concepto de “arte”. Que aun hoy, adentrados en el siglo XXI, no nos liberamos de los prejuicios y seguimos centrando nuestra atención en qué es el arte en vez de disfrutarlo y contemplarlo. No nos permitimos ver más allá, jugar con la realidad y siempre es más fácil soltar una acusación, rotular a ese agente extraño para nosotros, que tratar de entenderlo.

  El personaje de Walsh en este cuento no acepta un “oficio terrestre”. El no quiere quedar bajo la estandarización laboral o el mandato familiar. Una situación que se vuelve muy frecuente a lo largo de diferentes momentos históricos y culturales.

  Terminó como cualquier persona que vive en un mundo inanimado, que no comprende el arte ni la fotografía: muerto. Captó ese momento, para la posteridad. Hizo de su muerte su crítica, porque al fin y al cabo, la fotografía representa un instante paralizado de una vida anterior.

Buenos Aires, viernes 25 de julio de 2014: “El soñador”

  El cuento no me resulta muy atractivo. Una mezcla de despertar con imágenes de un sueño anterior. Un personaje atónito por haber soñado que mataba a su madre y su propia hija tras una discusión feroz. Juan, el personaje, se dice a sí mismo que solo fue un ataque momentáneo, que no va a volver a suceder.

  Haciendo un rápido recorrido por el psicoanálisis clásico, los sueños “parecen ser una manera por la cual el subconsciente considera, clasifica y procesa todos los problemas que se encuentran en la vida despierta”, por lo que deduzco que Juan está reprimiendo ese sentimiento asesino hasta que algún día, sus emociones le jueguen una mala pasada.

Buenos Aires, martes 29 de julio de 2014: “Imaginaria”

  Otra vez Walsh escribe sobre militares. Quizás porque su vida se vio trágicamente atravesada por uniformados o, quizás, porque en este cuento en particular se conjuga una venganza. Una de esas que solo puede tenerse en sueños: la del subalterno hacia el superior. La de largas guardias sin sentido, esperando a ese “enemigo” que nunca llega, la de los castigos innecesarios y excesivos. Todo ese cóctel que representa a cualquier fuerza armada o de seguridad.

  Un cuento que pone de manifiesto lo más íntimo de una fuerza: la ridícula cadena de mando, la verdad que va de mayor a menor, las ordenes incuestionables y, lo más significativo, la configuración de un “enemigo” externo como todo aquel que se encuentra por fuera del ámbito militar pero que también se encuentra afuera de ese puesto de guardia. Que puede acecharnos en cualquier momento y que por eso siempre hay que estar preparado y alerta, pero nunca pudieron aprender, que los soldados -al igual que un policía en la actualidad- deben estar descansados para poder prestar servicio.

Buenos Aires, martes 29 de julio de 2014: “Irlandeses detrás de un gato”

  Este cuento en particular hace una gran reflexión sobre los colegios de modalidad “internados” y porque no, de los colegios tal y como los conocemos en donde la figura del nuevo siempre tiene que adaptarse no solo al cambio personal, sino también, a lo que le impongan. Walsh escribe sobre un fenómeno que en la actualidad ha tomado un gran protagonismo gracias al tratamiento de los medios masivos de comunicación: el “bullying”.

  Considero que en cierta medida, a través de este cuento, el autor rememora sus épocas de alumno ya que no es casualidad que Walsh sea de descendencia Irlandés. Quizás usó el mejor recurso que tenía a su alcance para desquitarse de ese pasado sombrío, la escritura, ya que quien la usa tiene el poder de cambiar el destino de los hechos.

Buenos Aires, martes 29 de julio de 2014: “Corso”

  Un cuento que relata una época dorada de la Argentina, la de los corsos. Las calles se vestían de fiesta en todos los rincones del territorio. No hay ningún abuelo que no le cuente a su nieto sobre esas fiestas. La gente en la calle, los disfraces, la música y hasta en el aire, se respiraba el carnaval.

  Escrito en lunfardo, Walsh rememora una época que desapareció a pesar de que algunos corsos subsistan en algún punto de la provincia. En esa época se festejaban descentralizadamente, en la misma calle y para toda la familia. Una vez más, no puedo pasar por alto que los feriados de la fiesta nacional que representa el carnaval, fueron censurados por el gobierno militar de 1976. Ese gobierno de facto que marco la vida del escritor. Ese mismo “gobierno” que un año después, hizo desaparecer a nuestro querido Rodolfo Walsh.

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